Entorno

Valles del Ulla-Umia

El territorio de los valles del Ulla y Umia está situado en el noroeste de la provincia de Pontevedra (Galicia). Está formado por siete municipios: Caldas de Reis, Catoira, Cuntis, Moraña, Pontecesures, Portas y Valga; que ocupan una superficie total de 283,3 km 2 y donde viven cerca de 36.000 personas, la mitad menor de 30 años.
El paisaje describe un territorio caracterizado por la diversidad. Su cercanía a la costa determina condiciones climáticas que crean parajes verdes en los que se combinan aprovechamientos agrícolas, ganaderos y forestales.
Aguas termales de gran calidad constituyen el principal atractivo de la zona. Posee espacios naturales de sorprendente belleza. Rutas de senderismo, playas fluviales, cotos de caza y pesca, miradores, áreas recreativas, parques y jardines configuran excelentes oportunidades de ocupar el tiempo libre en cualquier visita a esta comarca, una tierra rica en arquitectura popular y restos arqueológicos.
En cuanto a su actividad económica, la zona se caracteriza por contar con un segmento industrial incipiente. La mayor parte de la población está ocupada en el sector servicios, sobre todo en actividades comerciales y en el turismo termal.
La participación cívico-social constituye la gran fortaleza de los habitantes de estas tierras, tal como demuestra el elevado número de asociaciones de probado dinamismo.
La localización estratégica de los valles Ulla y Umia en el eje de desarrollo atlántico Vigo-A Coruña favorece su conexión, cómoda y rápida, con importantes núcleos urbanos -Pontevedra, Santiago de Compostela, Vilagarcía da Arousa, A Toxa-; a través de la autopista A-9, la vía rápida de Sanxenxo (VRC-41) y la carretera nacional 550. Este importante tráfico de personas y mercancías dota de carácter dinámico a esta zona de tipología y ambiente rural, pero con bastante influencia urbana.
Las tierras del Ulla y Umia poseen un rico patrimonio natural, arqueológico y monumental. Ya se las conocía en la antigüedad por ser “Tierra de aguas termales”. Así, dos de sus núcleos de población fueron denominados Caldas de Cuntis y Caldas de Reis por los romanos.
La zona alberga restos arqueológicos del período Neolítico y la Edad de los Metales. Hay buenos ejemplos de mámoas, necrópolis, castros, menhires y petroglifos. De época romana se conservan cerámicas, aras, estelas funerarias, vías y puentes. Es difícil adentrarse en los montes y senderos de cualquier parroquia y no tropezar con alguna de estas huellas de la Antigüedad.
La zona es lugar de paso para los peregrinos que, desde el norte de Portugal y desde los puertos del sur de Galicia, caminan hacia Compostela siguiendo las viejas vías romanas. Los distintos caminos de las peregrinaciones dejaron en Galicia numerosas influencias culturales, cuya influencia se refleja en las iglesias románicas que entre los siglos XII y XIV se levantaron en toda la zona, ajustándose a las normas artísticas de las escuelas compostelanas. Pero además de románico, aquí se pueden encontrar otros estilos artísticos como el barroco y el neoclásico. Otra construcción típica que abunda es el crucero, reflejo del arte de los canteros, oficio de gran tradición y buen nombre en este territorio.
La proximidad de estas tierras a Santiago de Compostela no siempre fue beneficiosa. El descubrimiento de la tumba del Apóstol trajo consigo grandes peligros para la zona. Por Europa se extendió la idea de que Compostela era tierra de grandes riquezas; por lo que en el Medievo muchas expediciones remontaron el río Ulla con el fin de saquear la urbe. Esto obligó a construir edificaciones de carácter defensivo a las orillas del río, como las Torres do Oeste en Catoira, verdadera enseña del territorio.
Durante mucho tiempo la economía giró en torno al maíz. Por ello, las construcciones que más abundaban en la zona eran el molino, el horno y el hórreo, la construcción más importante de las casas de labranza gallegas. La mayoría de los molinos están situados en las riberas de los ríos, pero también hay los que utilizan la fuerza del viento o de las mareas. En el plano social, el molino se convirtió en lugar de reunión, sobre todo de los más jóvenes, que llenaban los tiempos de espera con bailes y cánticos.
Los valles de los ríos Ulla y Umia ofrecen un amplio abanico de posibilidades para ocupar el tiempo libre y disfrutar de la naturaleza: rutas de senderismo, playas fluviales, cotos de caza y pesca, miradores, áreas recreativas, parques y jardines.
El agua es un elemento inherente al paisaje. Aparece en todas sus formas y posibilidades. Es la gran protagonista del territorio. El agua se presenta en cascadas vistosas y llamativas como el salto de Segade, en Caldas de Reis.
El río Cornide origina abruptos saltos de agua a su paso por el lugar de Laxes, en Moraña. El acusado desnivel y las grandes rocas de granito crean una imagen bien expresiva. Las cataratas del río Valga representan uno de los contornos más hermosos que se pueden visitar en el ayuntamiento del mismo nombre.
Además de la belleza de los ríos, la comarca dispone de siete playas fluviales con zonas de esparcimiento acondicionadas. El área recreativa de A Pontenova en la playa fluvial del Umia, con márgenes en los ayuntamientos de Cuntis y Moraña, dispone de superficie arbolada, lugar acondicionado para comidas campestres y servicio de alquiler de piraguas. La playa fluvial de Vilarello-Cordeiro, en Valga, ofrece la posibilidad de bañarse en aguas frescas que, a esta altura del río Ulla, reciben la influencia salada de la ría de Arousa. La playa fluvial de Portas se extiende a orillas del río Umia, con zonas apropiadas para el baño y la práctica de la pesca.
Gran variedad de fiestas y romerías se celebran durante todo el año en los siete ayuntamientos. Algunas tienen tradición de siglos, otras han alcanzado popularidad en los últimos años. En cualquier caso, la diversión y la buena comida están garantizadas.
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